harlem
es caminar por la 125 al atardecer
y dejarse llevar por ese bullicio de vida
es la soulfood de sylvia´s
es la amabilidad de sus amas de casa
y la tropelía jocosa de sus moradores
es mirar la constelación de luces rojas
de semáforos y frenos
desde lo alto de Sugar Hill
mientras el sol se pone trás de ti
es la desapercibida salida del metro de la 145
y los camellos de dos calles mas allá
es el club de jazz y su catastrófico backyard
en permanente redecoración orgánica
con sus octogenarios habitantes
con sus blanquitos buscando lo que se escapa
con sus enormes negras reinando
con Zahir el gran compositor de hardbop
con sus tequilas servidos en vasos de agua
es ir a misa el domingo y elegir la entrada equivocada
ser aleccionado simpaticamente por un par de dentaduras blancas y mucha masa negra
ser sermoneado por la reverenda jefe -to forgive and to forget-
bailar junto a esas señoras centenarias llenas de lentejuelas e indumentarias indescriptibles
que parecen irse a pique a cada intento de patear ritmicamente el suelo sagrado
e incluso cantar emocionado y abrazar y ser abrazado
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